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Cuando hablamos del entrenamiento de
las cualidades físicas todos entendemos que estamos tratando de la mejora
de la fuerza, la resistencia o la velocidad y de las cualidades derivadas
de las mismas: fuerza máxima, fuerza resistencia, fuerza explosiva,
resistencia de velocidad, agilidad, velocidad de reacción, velocidad
gestual o resistencia muscular localizada. Pero si atendemos a algunos
teóricos del entrenamiento, veremos que la movilidad articular no es
considerada como una cualidad física. El motivo que justifica tal
exclusión es que el entrenamiento de la movilidad no causa un efecto de
mejora directo en ninguno de los sistemas orgánicos que sí se ven
mejorados con el trabajo de las cualidades físicas antes mencionadas. Lo
cierto es que la movilidad articular, sea o no considerada como una
cualidad física, es una capacidad que debe ser mejorada para posibilitar
el pleno desarrollo del potencial físico de rendimiento. Para poder
entender tal necesidad debemos, en primer lugar, saber en qué consiste tal
cualidad, cuales son los factores que la limitan, como mejorarla y qué
influencia ejerce sobre el resto de cualidades físicas.
MOVILIDAD ARTICULAR, FLEXIBILIDAD Y
ELASTICIDAD
En este primer apartado y para
evitar futuras confusiones, vamos a conocer las diferencias existentes
entre los tres términos del encabezado.
Movilidad articular:
capacidad para desplazar un segmento o parte del cuerpo dentro de un arco
de recorrido lo más amplio posible manteniendo la integridad de las
estructuras anatómicas implicadas.
Flexibilidad:
capacidad de un cuerpo para ser deformado sin que por ello sufra un
deterioro o daño estructural. Dicha propiedad se atribuye a las
articulaciones.
Elasticidad:
capacidad de un cuerpo para recuperar su forma o posición original una vez
cesa la fuerza externa que lo deformó. Esta cualidad se atribuye a los
músculos y en mucha menor medida a los tendones.
Así pues, cuando hablamos de los
músculos nos referimos a la cualidad elástica que poseen ya que pueden
elongarse y retraerse por sí mismos. Si hablamos de las articulaciones nos
referimos a la posibilidad de flexionarlas en diferentes posiciones. Por
último, a la suma de ambas cualidades la llamamos movilidad articular.
A partir de ahora nos referiremos a la elasticidad muscular como la
capacidad para elongar un músculo hasta alcanzar el límite articular sin
que por ello sufra daños estructurales.
FACTORES LIMITANTES DE LA MOVILIDAD
ARTICULAR
Para mejor entender la naturaleza de
los factores que limitan la movilidad articular vamos a analizarlos uno a
uno y a valorar por separado su relevancia a la hora de impedir una
movilidad óptima o adecuada a cada necesidad.
Empecemos diciendo que el
entrenamiento de esta cualidad física y dicho sea de paso, el de todas,
debe efectuarse dentro de los límites que marca la práctica de cada
deporte y no establecer comparaciones, ya que cada deporte exige, de forma
específica, un cierto tipo de desarrollo y pretender llevar su
perfeccionamiento más allá de lo estrictamente óptimo puede suponer, no
solo una pérdida de tiempo, sino también un serio perjuicio. La excesiva
movilidad articular o hiperflexibilidad es poco útil y se puede traducir
en debilidad articular en determinados ángulos. En líneas generales, el
culturista debe mejorar su elasticidad muscular con el objeto de poder
ejecutar los movimientos con un recorrido amplio pero sin pretender
alcanzar los niveles de un gimnasta o un contorsionista.
EL MÚSCULO
El músculo es una máquina con
capacidad para transformar la energía química en trabajo mecánico. Existen
tres tipos de músculos: el liso o involuntario, el cardíaco y el estriado
que recibe su nombre del aspecto que le confieren las fibras filiformes
que presentan bandas oscuras y claras de forma alterna. La principal
función del músculo estriado es el movimiento y el mantenimiento de la
postura. Pero además del componente contráctil, también encontramos una
serie de elementos elásticos de tejido conjuntivo que sirven para proteger
al músculo de las posibles lesiones ocasionadas por estiramientos bruscos
o forzados.
Si analizamos una fibra muscular al
microscopio observaremos que está compuesta de varias unidades
contráctiles que reciben el nombre de sarcómero. Varios sarcómeros
dispuestos en serie forman una miofibrilla, varias miofibrillas dispuestas
en paralelo forman una fibra, recubierta de una membrana de tejido
conjuntivo llamada endomisio y un paquete de éstas da origen a un
fascículo recubierto, a su vez, por una membrana que recibe el nombre de
perimisio. Por último, varios fascículos conforman un músculo que se halla
recubierto por el epimisio o fascia.
La forma en que un músculo se opone
al estiramiento viene dada por dos factores:
1. El
grado de tensión acumulada de forma pasiva o tono muscular que depende del
grado de activación del sistema nervioso. Ello significa que para estirar
un músculo debemos, en primer lugar, reducir al máximo la tensión
muscular, lo cual se logrará mediante el calentamiento previo y el estado
de relajación que el sujeto haya sido capaz de alcanzar previamente.
Normalmente, el tiempo que precisaremos para alcanzar dicho estado variará
de un músculo a otro y dependerá de la función del mismo. Los músculos
antigravitatorios y los que desarrollan un trabajo más intenso de forma
regular, tardan más en relajarse (erectores espinales, lumbares,
isquiotibiales, gemelos o trapecios).
2. Por
la resistencia que ofrece el tejido conjuntivo y que se cifra en un 41%
del total de la resistencia que ofrece el músculo a ser estirado. Cuando
el estiramiento alcanza a la fascia muscular, se torna doloroso si se
llega a ciertos límites. Podríamos decir que es la parte difícil del
estiramiento y la que hace desistir a más de uno. Existen dos tipos de
tejido conjuntivo que pueden afectar significativamente la amplitud de
movimiento: el tejido conjuntivo fibroso y el tejido conjuntivo elástico.
El primero, está formado primordialmente por fibras colágenas de gran
resistencia y prácticamente inextensibles. Las investigaciones indican que
las fibras microscópicas pueden ser estiradas hasta un máximo de sólo casi
el 10% de su longitud original antes de llegar a romperse. El tejido
conjuntivo fibroso forma aponeurosis, fascias, ligamentos y tendones. La
resistencia al estiramiento que ofrecen las fibras de colágeno, se ve
incrementada por la formación de enlaces cruzados entre las subfibrillas,
los filamentos y las fibras colágenas. El colágeno está siendo producido y
desintegrado de forma continua y simultánea. Si la producción excede a la
desintegración, se forman más enlaces cruzados y la estructura es más
resistente al estiramiento. Inversamente, si la desintegración del
colágeno excede a la producción, ocurre lo contrario. El ejercicio físico
y la movilización son un factor preventivo en la formación de enlaces
cruzados. La inactividad o inmovilización favorecen, por contra, su
formación disminuyendo la capacidad de elongación de un músculo. Con el
envejecimiento, tiene lugar un proceso de deshidratación, un aumento en el
diámetro de las fibras de colágeno y una cristalización de las mismas, lo
cual aumenta la rigidez y la resistencia a la deformación. La pérdida de
agua reduce la distancia crítica entre las fibras colágenas, por ello, las
fibras de tejido conjuntivo se pondrán en contacto y eventualmente se
pegarán, favoreciendo así la formación de puentes cruzados.
El tejido conjuntivo elástico
muestra una predominancia de elastina y es un componente estructural
primordial del tejido vivo. Existe una gran cantidad de tejido elástico en
el sarcolema de la fibra muscular (tejido conjuntivo que envuelve el
sarcómero), lo que determina el posible grado de extensibilidad de las
células musculares. Solamente cuando las fibras elásticas son estiradas
hasta casi el 150% de su longitud original llegan a alcanzar su punto de
ruptura. Las fibras elásticas desempeñan una variedad de funciones,
incluyendo la difusión de la tensión que se origina en puntos aislados,
aumentando la coordinación de los movimientos rítmicos de las partes del
cuerpo, conservando la energía por el mantenimiento del tono durante la
relajación de los elementos musculares, brindando una defensa contra las
fuerzas excesivas y ayudando a los órganos a recuperar su configuración
normal una vez que han cesado todas las fuerzas. Como en el caso anterior,
con el envejecimiento, las fibras elásticas sufren cambios físicos y
biomecánicos específicos, tales como: fragmentación, desgaste,
calcificación y otras mineralizaciones y un número incrementado de puentes
cruzados que suponen una progresiva pérdida de elasticidad.
EL TENDÓN
Los músculos están unidos a los
huesos por medio de unos cordones muy resistentes llamados tendones, cuya
función es transmitir tensión a los huesos. Es por ello que los tendones
son prácticamente inextensibles y su oposición al estiramiento alcanza el
10%. Si durante un estiramiento forzado notáramos dolor en los tendones de
inserción del músculo estirado lo más prudente sería abandonar y averiguar
las causas.
LA CÁPSULA ARTICULAR Y LOS LIGAMENTOS
Una articulación es la unión de dos
huesos y puede ser móvil (diartrosis), escasamente móvil (anfiartosis) o
totalmente inmóvil (sinartrosis). Obviamente las primeras son las que nos
interesan como motivo de trabajo. Su estructura está recubierta por la
llamada cápsula articular que mantiene, junto con los ligamentos intra y
extracapsulares, la cohesión de las carillas articulares de los huesos y
al mismo tiempo permite un cierto grado de movimiento. La resistencia que
ofrece al estiramiento se cifra en un 47%. Esta claro que nunca debemos
llegar a forzar una estructura articular ya que ello significaría una
progresiva pérdida de cohesión y estabilidad con graves riesgos de lesión.
BENEFICIOS DE LA MEJORA DE LA
ELASTICIDAD MUSCULAR
En primer lugar, debemos entender
que la movilidad articular es una cualidad involutiva, lo cual significa
que nacemos con el máximo grado y a medida que transcurren los años vamos
perdiendo capacidad en mayor o menor medida según una serie de
condicionantes: sexo, actividad deportiva, actividad cotidiana,
accidentes, lesiones, etc. La determinación del grado de movilidad para
cada articulación no puede generalizarse y debe partir de un cuidadoso
estudio individualizado llevado a cabo por un profesional con el debido
criterio. Insistimos en el hecho de que una movilidad articular excesiva
va en detrimento de la estabilidad y sostén deseables y puede predisponer
a lesiones articulares.
La ausencia de una movilidad óptima
y un acortamiento muscular indeseable en ciertos músculos acarrea serios
perjuicios, entre los que cabe destacar por más frecuentes: la desviación
de la postura, la escasa adaptabilidad de los músculos ante movimientos
explosivos, la mala coordinación, un gasto calórico añadido consecuencia
del esfuerzo que deben realizar los músculos agonistas para vencer la
resistencia pasiva de los antagonistas acortados o roturas fibrilares
cuando el músculo es exigido en un estiramiento brusco o forzado. Por
contra, un músculo elástico permite una mayor fluidez en los movimientos
lo cual es esencial en aquellos deportes que exigen un alto grado de
coordinación, así mismo, permite asumir, con menor impacto, los cambios
rápidos de tensión, especialmente en el tránsito de la fase negativa a la
positiva durante una contracción isotónica. Una mayor capacidad elástica
del músculo permite un preestiramiento más eficaz durante los movimientos
explosivos y además, previene de cierto tipo de lesiones. Conviene saber
que la fibra muscular se adapta al estiramiento aumentando el número de
sarcómeros a nivel de los extremos de la fibra. Experimentos llevados a
cabo con gatos a los que se les inmovilizó con un vendaje de yeso el
músculo sóleo demostraron que éste se adaptó incrementando el número de
sarcómeros en un 20%. Una vez liberado el músculo, éste se reajustó
rápidamente a la longitud original. Cuando el miembro fue inmovilizado con
el músculo en su posición de encogimiento, se descubrió que las fibras
musculares habían perdido el 40% de los sarcómeros en serie. Estos
estudios parecen demostrar que el ajuste de la cantidad de sarcómeros a la
longitud funcional de los músculos no parece estar directamente bajo
control neuronal. Más bien, parece ser una respuesta a la cantidad de
tensión pasiva a la cual está sometido el músculo. El deportista que goza
de un buen rango de recorrido articular puede enfrentarse con mayor
eficacia a situaciones en las cuales sus articulaciones son exigidas hasta
límites de alto riesgo, como sería el caso de la gimnasia artística o los
lanzadores en atletismo. También en los deportes de contacto donde se
producen situaciones de choque y caídas, una articulación flexible absorbe
mejor el impacto evitando posibles lesiones o aminorando sus efectos si
ésta llega a producirse. A pesar de todo ello, no debemos inclinarnos a
pensar que entrenando la elasticidad ya estamos a salvo de sufrir
lesiones. Muchos practicantes de deporte creen que un buen nivel de
elasticidad es un garante para poder asumir ciertos riesgos durante la
práctica atlética y se arriesgan hasta límites imprudentes. Yo siempre
digo que la elasticidad es como una armadura que puede salvarte frente a
una flecha o un cuchillo, pero nada puede hacer frente a un arma de fuego.
Bien, hasta aquí la primera parte de
este artículo sobre los estiramientos que espero haya servido para sentar
las bases de lo que debe ser una práctica correcta y que tendrá su
continuidad en un próximo artículo que tratará sobre aspectos
metodológicos y prácticos del entrenamiento de la elasticidad muscular.
METODOLOGIA DEL ESTIRAMIENTO
En esta segunda parte del
entrenamiento de la movilidad articular vamos a tratar de aspectos
metodológicos y prácticos de los estiramientos. Analizaremos los métodos
existentes, sus ventajas e inconvenientes y ofreceremos una guía práctica
para crear y desarrollar un programa de estiramientos eficaz y seguro.
CUANDO ESTIRAR
El entrenamiento de la movilidad
articular puede estructurarse como un contenido más dentro de la sesión de
entrenamiento. Concretamente, me quiero referir aquí a la sesión de
musculación. Los estiramientos se pueden llevar a cabo dentro del apartado
de calentamiento, durante el entrenamiento y al finalizar el mismo. En
cada caso, el objetivo será distinto y en consecuencia, la intensidad
deberá adaptarse a fin de optimizar los efectos positivos del
estiramiento. Por otro lado, también pueden destinarse sesiones
específicas al entrenamiento de la elasticidad con el objeto de
incrementar la movilidad articular.
Estiramientos durante el
calentamiento: El objetivo será dotar al músculo
de la elasticidad necesaria para permitir un arco de recorrido adecuado a
las exigencias del ejercicio que se vaya a ejecutar durante el
entrenamiento. Sabido es que cuando un músculo está frío su elasticidad
está disminuida y ello perjudica seriamente la capacidad de alcanzar
recorridos óptimos durante la ejecución de un movimiento. No se trata de
incrementar la elasticidad del músculo, sino de recuperar la que en
condiciones ideales ya se posee por haberla trabajado anteriormente. La
intensidad del estiramiento no debe ser elevada, sino aquella que permita
conseguir la extensibilidad ya ganada con anterioridad.
Estiramientos durante el
entrenamiento: En este caso, el objetivo es
frenar, en lo posible, la pérdida de elasticidad que se produce como
consecuencia del entrenamiento con peso y que obedece fundamentalmente a
un progresivo aumento del tono muscular por la activación de un número
creciente de fibras musculares que son requeridas para hacer frente al
esfuerzo de alta intensidad. La intensidad será menor que en el caso
anterior por cuanto un estiramiento forzado podría provocar daños
estructurales en las miofibrillas y una pérdida de eficacia contráctil. Se
trataría, más bien, de favorecer la relajación de los músculos entrenados
y mejorar el riego sanguíneo, facilitando así su recuperación.
Estiramientos después del
entrenamiento: El objetivo sería, en este caso,
favorecer la disminución del tono muscular y facilitar el riego sanguíneo.
Como ya hemos mencionado, ello repercutirá positivamente en la posterior
recuperación muscular. La intensidad será media y en ningún caso deberemos
llegar al punto de sentir dolor.
Estiramientos en sesiones
específicas: El desarrollo de la elasticidad
muscular es un proceso lento ya que merced a la estimulación del reflejo
miotático, el músculo se resiste activamente al estiramiento. La magnitud
de la contracción que se opone al estiramiento es proporcional a la
magnitud del mismo. Conviene saber que un estiramiento rápido e intenso
favorece la deformación elástica, recuperable, del tejido. Ello puede
convenir a un saltador o a un lanzador para obtener un impulso más potente
durante la ejecución del gesto técnico, pero no es recomendable para
mejorar la elasticidad. Para ello es mejor aplicar una fuerza débil y de
larga duración que intensificará la deformación plástica. Por otro lado,
la aplicación de una fuerza elevada tiene un grado mayor de riesgo de
provocar una posible ruptura del tejido. La temperatura tiene una
influencia importante sobre el comportamiento mecánico del tejido
conjuntivo bajo una carga ténsil. Mientras se eleva la temperatura del
tejido, decrece la rigidez y se incrementa la extensibilidad. Ello está
relacionado con el aumento progresivo de las propiedades de fluidez
viscosa del colágeno cuando es calentado, lo cual aumenta su tolerancia al
estiramiento y reduce la posibilidad de sufrir lesiones estructurales.
Debemos añadir, al respecto, que a la luz de las informaciones que
poseemos, constituye un error plantear calentamientos basándose en los
estiramientos, ya que éstos por sí solos no elevan la temperatura corporal
lo suficiente para hacer frente a demandas físicas elevadas. Así mismo,
como ya se ha dicho, estirar un músculo frío puede dañarlo seriamente.
Otro dato interesante es el hecho de que un músculo que ha sido estirado,
previo calentamiento, y que se deja enfriar mientras se mantiene la fuerza
tensora de estiramiento, mantiene un grado significativo de deformación
plástica en comparación con la retirada de la fuerza tensora mientras su
temperatura es elevada. Evidentemente, el enfriamiento del tejido antes de
la liberación de la tensión permite a la microestructura colágena
reestabilizarse más en relación con su nueva longitud estirada.
Por todo ello, para entrenar la
elasticidad muscular deben descartarse los métodos que se basan en
estiramientos bruscos realizados mediante movimientos balísticos o rebotes
y máxime si el músculo está frío.
COMO ESTIRAR
A continuación, vamos a efectuar un
repaso de los métodos más utilizados para mejorar la elasticidad muscular
y concluiremos recomendando aquellos que han demostrado la mejor relación
eficacia-riesgo.
1. Método pasivo estático:
El estiramiento se realiza mediante
la asistencia de un compañero que moviliza el segmento interesado hasta
alcanzar el tope articular. El sujeto pasivo no ejerce ningún tipo de
fuerza, lo que permite una casi total relajación, condición indispensable
para conseguir un buen estiramiento. Una vez alcanzado el máximo
estiramiento, se mantiene la posición durante unos segundos y a
continuación se regresa a la posición de partida. La única dificultad en
la aplicación de este método surge de la necesidad de contar con un
compañero experto que conozca los músculos y la técnica correcta del
estiramiento. A partir de aquí, la comunicación entre sujeto pasivo y
sujeto activo debe ser constante a fin y efecto de sacar el máximo partido
de la técnica y no causar ningún daño muscular o tendinoso durante su
desarrollo.
2. Método pasivo dinámico:
El estiramiento es efectuado por un
compañero pero, en este caso, el segmento no permanece inmóvil sino que
alcanza la posición final mediante sucesivos movimientos de corto
recorrido (rebotes) o movimientos de carácter balístico. Como ya se ha
dicho este método no debe aplicarse.
3. Método activo estático:
En este caso es la acción muscular
del ejecutante la que efectúa el estiramiento pudiéndose valer, si es
necesario, de algún medio material de asistencia (picas, bancos,
espalderas, etc.). Como en el primer método, se mantiene la posición de
máximo estiramiento durante unos segundos y a continuación se procede a
retirar la tensión. Es el más utilizado por cuanto no precisa de la
asistencia de ningún compañero y goza, prácticamente, de las mismas
ventajas que cualquier método estático.
4. Método activo dinámico:
El estiramiento se produce mediante
sucesivos movimientos de carácter balístico o mediante rebotes merced a la
acción del ejecutante. Son bastante comunes en la práctica deportiva,
sobre todo en aquellos deportes con una componente de velocidad y que
además, requieren gran movilidad articular (artes marciales, gimnasia
artística...). Llegados a este punto conviene saber que una buena
movilidad articular puede no manifestarse plenamente en un movimiento por
debilidad de los músculos agonistas responsables del gesto. Dicho con un
ejemplo, un sujeto puede ser capaz de elevar una pierna hasta tocar el
pecho apoyándola en una pared (forma pasiva), pero ser incapaz de elevarla
con la acción de los músculos flexores de la cadera (forma activa). En
este caso, la práctica de ejercicios de fuerza y potencia que busquen
acercarse al máximo a los topes articulares, estará justificada con el
objeto de alcanzar el perfeccionamiento en determinadas técnicas.
Ahora bien, debe quedar claro que la
práctica de dichos ejercicios no tiene por objeto mejorar la elasticidad
muscular, sino expresar todo el potencial elástico alcanzado previamente
con métodos estáticos.
5. Método resistivo:
Conocido como F.N.P.(Facilitación
neuromuscular propioceptiva) es una variante del método pasivo estático y
consiste en alcanzar el punto de máximo estiramiento mediante la
asistencia de un compañero que mantiene la posición durante unos 10
segundos al término de los cuales el sujeto pasivo ejerce una tensión
muscular de tipo isométrico por espacio de tres o cinco segundos.
Inmediatamente se procede a relajar el músculo y se aprovecha la caída de
tensión para forzar un poco más el estiramiento hasta un nuevo punto de
resistencia por espacio de otros 10 segundos. Esta operación se repite dos
o tres veces. Otra variante del método consiste en contraer los músculos
opuestos (agonistas) a los que se están estirando (antagonistas). Esta
acción facilita la relajación a través del reflejo de inhibición
recíproca. Así, cuando las motoneuronas del músculo agonista reciben
impulsos excitadores, las motoneuronas que activan los antagonistas son
inhibidas (por ejemplo, si se contraen los cuádriceps, deben relajarse los
isquiotibiales).
A pesar de las aparentes ventajas detalladas anteriormente, conviene saber
que generar tensión en un músculo que está siendo forzado en estiramiento
entraña mayores riesgos de sufrir lesiones en el tejido blando y es más
doloroso, lo cual puede disminuir la predisposición del sujeto a ser
estirado. También se sabe que un músculo que es contraído previamente a un
estiramiento tan solo se relaja momentáneamente y a continuación genera
una contracción sostenida que dificulta la elongación. Por todo ello,
debemos decir que este método no ofrece plenas garantías y como mínimo
debe ser revisado.
PRINCIPIOS DEL ESTIRAMIENTO ESTÁTICO
Bien, una vez detallados todos los
métodos parece evidente que el más seguro y eficaz para mejorar la
elasticidad muscular es el estático, en especial si se realiza de forma
pasiva. Por ello vamos a detallar una serie de principios destinados a
optimizar el entrenamiento de la elasticidad basándonos en el mencionado
método.
1.
Antes de proceder al estiramiento de los músculos hay que someter a éstos
a un calentamiento de tipo general mediante alguna actividad
cardiovascular y a un calentamiento específico mediante ejercicios
analíticos de intensidad moderada. No es conveniente estirar un músculo
hasta límites extremos cuando ha sido sometido a esfuerzos de carácter
intenso ya que su capacidad de elongación estará seriamente reducida.
2.
Dedicar unos minutos a relajarse física y mentalmente pero sin llegar al
enfriamiento. No olvidemos que el músculo se halla más dispuesto para ser
elongado cuando tiene la temperatura sobreelevada y está relajado.
3.
Comenzar con un estiramiento suave o "fácil", sostenido por espacio de
unos 20 á 30 segundos y relajar por un espacio de tiempo que puede oscilar
entre 10" y 15".
4.
Después de efectuar uno o dos estiramientos suaves, pasar al estiramiento
forzado pero sin llegar al punto de dolor, ya que ésta sensación puede
desencadenar el reflejo de contracción involuntaria e impedir la necesaria
relajación. Mantener la posición de 20 a 30 segundos y proceder a relajar
por un espacio de tiempo de 15" a 20".
5. El
número de estiramientos por músculo puede oscilar entre cuatro y cinco
pero será el propio ejecutante quién decida el número adecuado a sus
necesidades.
6. En
el caso de que se integren como medio, en el proceso de calentamiento, los
estiramientos se limitarán a los músculos directamente implicados en el
posterior entrenamiento (motores primarios y secundarios, éstos en menor
medida) y se realizarán, siempre, con posterioridad al calentamiento
general y una vez hayamos efectuado algunas series del ejercicio base que
utilicemos en el calentamiento específico (ver ejemplos prácticos de
calentamiento).
7. En
caso de que se realicen con posterioridad al entrenamiento, tendremos
presente que el músculo está fatigado y poco dispuesto a ser elongado. El
estiramiento se efectuará de forma suave con la intención de reducir la
rigidez muscular y favorecer el riego sanguíneo, favoreciendo así, la
recuperación posterior al esfuerzo.
8.
Mantener un ritmo respiratorio suave y constante, evitando en todo
momento, contener la respiración (bloqueo respiratorio) ya que ello
desencadena la posibilidad de del fenómeno Valsalva que eleva la presión
sanguínea sistólica y tiene implicaciones negativas obvias para las
personas hipertensas. El fenómeno Valsalva es definido como un esfuerzo
espiratorio contra una glotis cerrada y puede ocurrir durante la ejecución
de un esfuerzo de resistencia pesada o isométrico, caso del estiramiento
realizado mediante la técnica de F.N.P. Este proceso comienza con una
inspiración profunda seguida por el cierre de la glotis y la contracción
de los músculos abdominales. Consiguientemente, existe un aumento de las
presiones intratorácica e intraabdominal que provoca la disminución del
flujo de sangre venosa hacia el corazón. Esto se traduce en una
disminución del retorno venoso que origina una reducción del rendimiento
cardíaco seguida de un descenso momentáneo de la presión sanguínea y un
aumento del ritmo cardíaco. Entonces, cuando se produce la espiración,
tiene lugar un aumento de la presión sanguínea y un flujo rápido de sangre
venosa hacia el corazón con la subsiguiente contracción cardíaca enérgica.
Las personas con antecedentes de enfermedad arterial coronaria corren el
riesgo de sufrir un derrame cerebral y las que sufren presión sanguínea
alta corren el riesgo de isquemia aguda.
Bien, con esta segunda parte damos
por concluido el artículo sobre el entrenamiento de la elasticidad
muscular. Espero que os haya sido de utilidad para conocer con mayor
profundidad el campo de los estiramientos y que a partir de ahora seáis
más conscientes a la hora de aplicarlos en vuestro plan de entrenamiento.
Un cordial saludo y hasta pronto. |